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El OVNI de la Isla Trinidad
Luis Ruiz Noguez, publicado com sua graciosa permissão
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A
las 7:50 de la mañana del 5 de diciembre de 1957,
un obrero, residente de la Ilha de Trinidade, avistó un OVNI al Este de la
isla.
El 31 de diciembre, el oficial médico teniente primero
Ignacio Carlos Moreira Murta, junto con un marino y cinco trabajadores de la
isla, observaron otro Plato Volador a la misma hora: 7:50.
Al día siguiente, 1° de enero de 1958, a la misma hora, en la misma posición y
moviéndose hacia el norte, otro objeto de similares características fue visto en
la isla.
El 2 de enero, por la noche (alrededor de las 20:00 horas), volvió a darse la
alarma. Hacia el Oeste se veía un gran objeto reluciente. Sin embargo, el
Capitán de corbeta Carlos Alberto Ferreira Bacellar, comandante del puesto
oceanográfico de la Isla Trinidad, descarto la emergencia porque él mismo estaba
de guardia y no vio absolutamente nada. Estos son los casos que, según el
periodista argentino Jorge O. Pineda1,
antecedieron al famoso avistamiento del 16 de enero.
LA ISLA TRINIDAD
Trinidad es una pequeña isla árida, desértica y rocosa localizada en medio del
Océano Pacífico, entre las costas de Brasil y del continente Africano, a más de
970 kilómetros de Bahia. Se encuentra en la extremidad oriental de la cadena de
montañas submarinas de Vitória Trindade, al Este de la masa continental, frente a Vitoria,
Estado de Espíritu Santo, a 20° 30’ latitud Sur y 29° 20’ longitud Oeste. Posee
una extensión de 12.6 Km2.
Surgió hace 3 millones de años de una zona de fracturas que se extiende desde la
plataforma continental brasileña. Su origen es volcánico y sus mayores
elevaciones, de cerca de 600 m, se formaron hace unos 50 mil años.
El clima es de tipo tropical. La temperatura media es de 25.2°C, siendo el mes
de febrero el más caliente del año (30.2°C), y el de agosto el más frío
(17.3°C)
Hasta 1850 la isla estaba cubierta de árboles
Columbrina glandulosa en un 85% de su extensión. Estos árboles tenían unos
15 m de altura con un tronco de unos 40 cm de diámetro. La introducción de
animales no endémicos como los caprinos y ovinos, y el corte indiscriminado de
árboles, llevó a la desaparición de los mismos. En la isla se concentra un gran
número de aves marinas y de cangrejos.
Juan de Nova,
navegante español al servicio de Portugal, partió en marzo de 1501, al mando de
4 naves, con destino al África. Los vientos y las tormentas lo desviaron de su
curso y lo llevaron hasta “una isla de
aspecto extraño e impresionante, rocosa, de altos y negros picos a la cual le
fue dado el nombre de Isla de Assunção”. En Portugal el descubrimiento no
despertó gran interés en virtud de la pobre extensión
en tierras.
Un año
después del descubrimiento, Estevão da Gama,
en su viaje a la India, visitó la isla. Ignorando el descubrimiento previo, él
le dio el nombre de Trindade, que se mantiene hasta hoy. Por disposición real
del 22 de agosto de 1539, Don João III,
Rey de Portugal, donó la isla a un hidalgo de la Casa Real, Belchior de
Carvalho, que jamás llegó a tomar posesión de
ella. En 1700, desconociendo que ya había sido descubierta y que pertenecía a
Portugal, Edmond Halley quien estaba a
cargo de una expedición inglesa para realizar mediciones magnéticas en el
Atlántico, contorneó la isla y la declaró posesión inglesa. En 1781 Inglaterra
la ocupó militarmente. Portugal protestó a través de su Ministro en Londres,
Luís Pinto de Souza. Mientras el asunto se
resolvía a través de los canales diplomáticos, el virrey del Brasil, Luís
de Vasconcelos, tomaba providencias militares
para expulsar a los ingleses. Envió al
“Capitão-de-Mar-e-Guerra”
José de Melo Brayner, quien partió
de Rio de Janeiro el 10 de enero de 1783, con 150 hombres y artillería, a bordo
del Nossa Señora dos Prazeres. Le
acompañaba el Mariscal de Campo Chicorro.
Pero cuando llegaron a la isla los ingleses ya la habían abandonado, dejando 12
cañones intactos.
Portugal decidió no dejar a la isla en el abandono y envió a unos habitantes de
las islas Azores, con simientes e instrumentos agrícolas, pero estos colonos
pronto se dieron cuenta que la tierra no se prestaba para la labor. Por lo tanto
la isla sólo fue ocupada militarmente y también se le utilizó como presidio.
Estas actividades perduraron hasta 1795, cuando el Conde de Rezende
decidió que se abandonara la isla.
Cien años
duró en el más completo abandono, hasta que Inglaterra, nuevamente, en enero de
1895 la incorporó al Imperio Británico. Pero, al considerarla una roca sin vida,
en agosto de 1896 el Baracouta
recogió el último marino inglés que abandonó la isla. En enero del año siguiente
el crucero Benjamín Constant
de Brasil tomó posesión definitiva de la isla.
La isla se ha
usado como base para investigaciones científicas. La primera se hizo en 1918,
por el barco Carlos Gomes. Entre los años 1924 y 1926 el Presidente
Artur Bernardes convirtió la isla en presidio político. Entre los
prisioneros estuvieron Eduardo Gomes y Juarez Tavora.
Al inicio de la Segunda Guerra Mundial la Marina volvió a ocupar la isla hasta
el 13 de junio de 1945. En 1950 la isla fue visitada por otra comisión
científica con la finalidad de planear una colonización y construir una base
aeronaval.
Durante la
Segunda Guerra Mundial se le utilizó como base de naves de guerra de las marinas
de los Estados Unidos y del Brasil en su combate a los submarinos alemanes. Al
final de la guerra se le abandonó, permaneciendo habitada sólo por las gaviotas
hasta 1957. En octubre de ese año, bajo las órdenes del Capitán de corveta
Carlos Alberto Bacellar, llegó a la isla una fuerza de tarea de la Marina
Brasileña. La División de Hidrografía y Navegación del Ministerio de Marina
había decidido construir una estación meteorológica y un puesto oceanográfico en
la isla para realizar investigaciones relacionadas con el Año Geofísico
Internacional (IGY). La función de la estación meteorológica era el rastreo de
globos sonda de hidrógeno. Estos globos estaban construidos de un material rojo
y llevaban aparatos para el estudio del comportamiento de los vientos. A cierta
altura, cuando el globo se reventaba debido a la presión, se soltaba una bolsa
con los instrumentos científicos acoplada a un paracaídas.
A principios de noviembre comenzaron las
actividades. El equipo consistía de una
estación de radio para rastrear los globos
meteorológicos para estudiar la alta
atmósfera y dar información de los vientos a
diferentes alturas. Estos globos eran
inflados con hidrógeno y pintados de rojo
para hacerlos más visibles a los
observadores desde el terreno. Los técnicos
contaban con teodolitos para rastrear los
equipos. Los globos estallaban al llegar a
determinada altura debido a la baja presión
externa y al exceso de presión interna. Los
instrumentos que llevaba el globo caían al
suelo, pero eran detenidos en su caída por
un paracaídas que se activaba en ese
momento. Cada globo llevaba un
radiotransmisor que emitía señales a la
estación de radio conforme iba subiendo. En
el momento en que estallaba el globo y
comenzaban a caer los instrumentos, la señal
de radio cambiaba a una frecuencia más alta,
que indicaba a los observadores en tierra el
momento de la caída.